Pablo y los suyos tejen comunidad

5 julio, 2018
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Expoartesano

Tejer es unir, reagrupar en un mismo objeto elementos heterogéneos y homogéneos presentes en la naturaleza y darles un nuevo sentido. Algo que las manos de los artesanos, artistas naturales por excelencia, hacen en su día a día. Ellos tejen artesanías, pero alrededor de cada producto cuentan historias.

Así lo hace Pablo César González Mosquera, quien llegó a Expoartesano proveniente de Mitú, la capital del departamento de Vaupés. Él es parte de la comunidad Villa María, asentada a orillas del río Querarí, cerca a la frontera con Brasil, donde conviven familias de las etnias Cubeo, Siriano y Tukano.

“En la comunidad trabajamos los balay, canastos, cernidores, fruteros y cestas”, contó Pablo, quien representa a la Asociación de Artesanos de Villa María Querarí, Asovimaq.

Los balays son elaborados por los hombres de las comunidades. Un tejido de raíces ancestrales que se hace con fibras naturales. Se dice que recoge los mensajes del padre y, en su uso diario, por medio de los símbolos y sus significados, purifica los alimentos que allí se depositan, como la yuca brava, base de la dieta de las comunidades indígenas de esta zona del país.

Ellos utilizan los materiales de la selva, su entorno, para crear las artesanías. Principalmente las fabrican con guarumá, bejuco yaré y guacamayo; y los tintes los sacan aprovechando lo que tienen a su alrededor, como el achiote o la maracataña.

Trabajo en familia

Los diseños o patrones presentes en las artesanías llaman la atención por sus formas y colores. “Esto empezó desde los abuelos y nuestros padres. Nosotros venimos fortaleciendo esto”, comentó el artesano. Él recuerda que aprendió el oficio después de ver trabajar durante horas a los hombres de su familia.

Las mujeres también participan en el trabajo. Ellas se encargan de dar forma con sus manos a las cestas, fruteros y canastos. “Nos ayudamos entre todos. Por ejemplo, nosotros sacamos las fibras de las plantas para que salgan bien bonitas”.

Pablo trabaja con su esposa, María José Hernández, y sus hijos, Esteban y Mónica. Él les enseña para mantener viva la tradición, su oficio y enseñarles a ganarse la vida.

Cada una de las líneas tiene su propio significado relacionado con el entorno en que la comunidad vive, su cultura y creencias. En los balay ellos plasman el cielo estrellado que vislumbran desde las selvas del Vaupés, los caminos de las hormigas por la tierra o la cara de un tigre.

Finalmente lo que Pablo quiere es mostrarle a las personas el trabajo de su comunidad y que ellos se enteren de su existencia. Detrás de cada una de sus ventas, hay un aporte a la economía familiar y al progreso de su comunidad.

Expoartesano es un evento que teje lo que somos. No te pierdas este reencuentro con la belleza de tus orígenes que va hasta el 8 de julio en Plaza Mayor.