Los maestros también brillan en Expoartesano

15 mayo, 2019
Publicado por
Expoartesano

En el Día del Maestro, un homenaje a esos artesanos que comparten su conocimiento con las nuevas generaciones para mantener vivas las tradiciones.

La primera fuente de conocimiento de los seres humanos es el otro: aprendemos imitando lo que hacen los demás, escuchando lo que saben y tienen por decir. Los artesanos que participan en Expoartesano son fiel muestra de ello, pues transmiten sus conocimientos de generación en generación, para mantener vivas sus tradiciones.

Por eso en el Día del Maestro destacamos la labor de algunos maestros artesanos que han llevado su tradición artesanal a otro nivel, y la mantienen viva compartiendo su saber con las generaciones venideras.

El conocimiento mantiene viva la cultura

Zuñigo Chamarra viene del resguardo indígena Puerto Pisarías, del bajo San Juan. Realiza artesanías en maderas y tejido. Una labor que, según dice, “viene de nuestros ancestros, abuelos y padres, que nos enseñaron”, y que se ha vuelto una importante fuente de ingresos para su comunidad.

Con cada remo, balsa, banco o figura en madera que crea, él preserva su cultura y mantiene vivas sus tradiciones. Y así como alguien se tomó el trabajo de enseñarle, Zuñigo decidió compartir su saber a las niñas y niños para que desde pequeños vayan perfeccionando este arte.

“Todo lo que los viejos de antes trabajaban: los diseños, los colores y técnicas, de alguna manera se mantiene actuales”, manifiesta Zuñigo. Todo aquello que el tiempo se encarga de olvidar, él desde el trabajo que hace con sus manos, busca rescatarlo y que otros lo lleven a la práctica.

Un maestro empírico

La vida misma también nos enseña en cada momento. Hay hombres que a base de ensayo y error van aprendiendo. Fernando Mejía Sanín viene de Manizales y se considera a sí mismo un artista empírico de la madera.

Trabaja haciendo zurriagos, bastones y cualquier cosa que se le pase por la mente. “Aprendí cogiendo un lápiz en el salón y le hacía figuritas con una navaja”, recuerda el artesano, que lleva 50 años perfeccionando la técnica de lo que hace.

Para él la artesanía no es exactamente una profesión, sino un hobby, pues durante toda su vida se dedicó a la ganadería y, al momento de jubilarse, optó por dedicarse al pasatiempo que lo apasionaba. Hoy con solo ver una madera, sabe lo que debe hacer.

Y aunque Fernando no tuvo un maestro, él se ha convertido en uno para compartir su conocimiento con otros. Trabajó durante un año enseñando la talla de madera a un grupo de 10 niños en la institución Mundos posibles. “Hace un tiempo me encontré a un muchacho al que le decían ‘El Ovejo’ en una feria equina en Manizales. Y me dijo: ‘Maestro, vea lo que estoy haciendo’, y era un báculo tallado. Quedé muy impresionado por su trabajo”, relata.

Saberes que se replican

Como todo hombre de su comunidad, Carmelo Castillo Ruiz aprendió a manejar la madera de un maestro: Blas Blanco. Él viene de San Onofre, Sucre, concretamente de la vereda El Higuerón, donde trabaja la ceiba, la tolua y el colorado.

“En nuestro territorio, en nuestra comunidad, eso ha sido un oficio que se ha tenido de generación en generación”, dice Carmelo, quien aprendió a la edad de 29 años. Pero como sucede con el conocimiento, este se amplía con la experiencia, y es así como ha aprendido nuevas técnicas y diseños.

De su medio toma la inspiración: las hojas, los peces, las frutas y las semillas. Y a ese mismo entorno al que pertenece le regresa algo mediante la transmisión de conocimientos. Por eso el año pasado, junto a Artesanías de Colombia, hizo una transmisión de saberes con 20 jóvenes de la comunidad mediante charlas y trabajo práctico. “A mí me delegaron ese conocimiento y ese oficio. La idea es que yo lo replique con otros que desean apoderarse de él para que la tradición no muera”, agrega el artesano.