En las manos de Francisco hay un universo de colores

9 julio, 2018
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Expoartesano

Guacamayas es un municipio reconocido por el oficio artesanal de enrollar el fique y la paja blanca, dos materias primas que se encuentran en el territorio, para la elaboración de cestería. Una práctica que ha trascendido de generación en generación.

Abuelos, hijos y nietos de este pueblo de Boyacá han aprendido el oficio y se han encargado de transmitirlo a otros. Por eso se estima que unas 260 familias hoy se dedican a esta práctica.

En 1968 nació el Grupo Artesanal de Guacamayas, conformado por los artesanos con el propósito de darse a conocer en Colombia y el mundo.

“Por la técnica de cestería en rollo, trabajada en fique y paja, hoy nos reconocen en el mundo”, dice con orgullo Francisco Silva, cuyas creaciones han llegado a Estados Unidos, España y Alemania.

Por estos días Francisco expone sus creaciones en el Pabellón Amarillo de Plaza Mayor. Lo hace mientras recuerda a su mamá tejiendo las cestas con las que decoraba algunos de los espacios del hogar.

“A mi mamá, Elsa Gómez, le gustaba mucho la cestería. Ella en cualquier momento que tenía libre de las obligaciones del hogar, la veía sentada trabajando. Yo la acompañaba mucho y fue viéndola que comencé a aprender”, recordó Francisco.

Aunque empezó trabajando en el campo, Francisco notó pronto que como artesano podía tener un proyecto de vida. Desde entonces, han pasado 20 años dedicados a este oficio. Hoy trabaja con 140 personas: gente del campo, personas que se dedican a la agricultura y a la ganadería y en sus ratos libres hacen artesanías.

Inspiración natural

Guacamayas rinde honor a su nombre. Los colores vivos y radiantes de esta ave se perciben en las cestas que elaboran. El fique y la paja se tiñen de tantos colores como si se tratara de un arcoiris.

Los diseños y colores son producto de la inspiración del artesano. Un ojo siempre atento, no solo para utilizar la naturaleza y transformarla con sus manos, sino también para escribir un poco de su historia.

“Los patrones o motivos que nosotros plasmamos en las cestas son de cosas que vemos en el ambiente. Nos dejamos llevar por los colores que tiene el paisaje, las montañas, las nubes y los atardeceres”, señaló Silva.

Así como él aprendió de su madre, su anhelo es continuar la tradición en el seno de su familia. “Yo le estoy enseñando a mis hijos. Algunos aprenden con más entusiasmo que otros, pero todos tratan de hacerlo y están ahí”.

Francisco recalca que lo más importante es que ellos sepan el valor cultural de lo que están haciendo con sus propias manos y que no solo aprendan lo que ya ellos hacen, sino que también sepan innovar. “Yo quiero que ellos estudien y que de pronto lo que aprendan les sirva para aplicarlo en la artesanía”, concluyó.