De artesano a artista: el sueño de Edwing

8 julio, 2018
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Expoartesano

En el barrio Mijitayo, de Pasto, toma forma un sueño que Edwing Armando Ortega empezó a tallar desde niño: el de trascender de artesano a artista con el nivel al que quiere llevar sus obras.

Ortega tiene 47 años y desde los 13 se inició en el oficio de la madera. De su padre heredó la habilidad con las manos, esas con las que en su niñez le dio forma a sus superhéroes en trozos de madera.

Conarte fue el primer taller que lo acogió. Allí aprendió a manejar el torno y las primeras técnicas del tallado en madera. Seis o siete años después, en el barrio Mijitayo, abrió las puertas de Madercrea, un taller de base en el que inicialmente sólo hacía productos en blanco para los artesanos del barniz y el tamo.

“Luego, con el deseo de darme a conocer, busqué mi identidad. Empecé a usar maderas y a hacer ensambles, encontrándome con la taracea, una técnica olvidada hasta ese momento en Nariño”, dijo Edwing, quien desde entonces no ha parado de crecer como artesano.

El artesano nariñense, que por estos días se encuentra en Expoartesano, explica que la taracea consiste en incrustar en una misma base trozos de madera de diferentes colores para darle vida a una obra. Una técnica que en sus manos ha ido evolucionando involucrando también lo precolombino.

Edwing empezó trabajando con Granadillo y Pandala, dos especies maderables nativas de Nariño. Luego, en su trasegar por ferias en distintas regiones del país, ha conocido artesanos con los que ha hace trueques.

Así llegaron a sus manos especies como el Colorado, el Nazareno, el Palosangre y otras que hacen parte de los 25 tipos de maderas con que le da vida a sus creaciones, entre las que se cuentan jarrones, bateas, bomboneras y, más recientemente, cuadros y retablos.

La trayectoria de Edwing ha sido merecedora de múltiples reconocimientos de parte de la Alcaldía de Pasto, la Gobernación de Nariño y otras instituciones. Pero el más importante, según dice, ha sido la Medalla a la Maestría Artesanal Contemporánea, que le entregó Artesanías de Colombia, y la cual “ha sido un impulso para mejorar”.

Hoy junto a sus colegas Ortega trabaja para sacar adelante una política pública en su departamento, que dignifique la labor de todos los artesanos. Sueña con el día en el que él y los artesanos de toda Colombia tengan la dignidad y el respeto que sí han adquirido sus pares en Europa.

Por ahora, mientras las obras de Edwing se encuentran en rincones de toda Colombia, y en países como Inglaterra, Japón, Brasil, España y Estados Unidos, él sigue en su taller del barrio Mijitayo, donde genera empleo a diez personas, redescubriendo su esencia. “Quiero dar el salto al arte y en eso estoy dando mis primeros pasos”. Seguro seguirá creciendo.